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Son Amaral una inédita rareza en el panorama del pop-rock estatal: artis­tas multitudinarios que no se han de­jado deslumbrar por la irrealidad del éxito. Tampoco han acallado su con­ciencia, ni afeitado su obstinación. El vuelo alado de sus canciones, tan en­fáticas a veces, otras tan personales, no deja de observar lo que pasa en la realidad del día a día, en esas vidas co­rrientes que son un poco las de todos. Su séptimo álbum, Nocturnal afren­ta una amenazante oscuridad para arrancarle destellos lumínicos a las ti­nieblas. Ese es su objetivo último, que alguien se reconozca en ellas porque forman ya parte de su presente pero asimismo de su memoria emocional.

Ya desde el primer corte, Llévame muy lejos, con el ansia de huir hacia delan­te, sus cortantes guitarrazos y estribi­llo que te eleva, plasman el tono de resquemor existencial que dominará el álbum hasta su epílogo de arma­dura electrónica Noche de cuchillos. Es un largo trayecto, estilísticamente variado pues en el eclecticismo está su base creativa. Los sonidos fronte­rizos y el alma de balada desgarra­da de La ciudad maldita, el ímpetu tribal y la guitarra estratosférica de 500 vidas, el origen de balada folk y las fantásticas voces que atraviesan La niebla, el retumbo rock de Labe­rintos, Cazador y Chatarra, son solo algunas de las acentuaciones en un álbum rico en texturas.

Pero la música debe nutrirse de lo vi­vido y sentido. Y por ello el corazón de Nocturnal palpita azorado por el tormento de esta época crítica que ha diluido valores y esperanzas. Se per­cibe en las portuarias imágenes de un inminente naufragio dibujadas en Unas veces se gana y otras se pierde, la certeza de que hemos sido arrastra­dos por la avaricia de los poderosos en Lo que nos mantiene unidos. Este desencanto nuclear aflora en una de las cimas del álbum, Nadie nos recor­dará, cuya letra advierte ‘’nuestra frágil condición, esta inquietud’’. Frente a los desmanes del mundo exterior, final­mente solo podemos creer los unos en los otros.

Nocturnal pincha hueso en un acucian­te presente. En el tiempo equivocado revela cómo esta crisis ya implantada en precaria normalidad ha deflagra­do a otra generación perdida. ‘’He­mos nacido en el tiempo equivocado / Somos los hijos del futuro arrebatado / Nos conocemos solo con mirarnos / Nos encontramos como dos aves de paso’’. El tema concluye en un grito de re­beldía: ‘’Quisieran vernos domestica­dos, amaestrados, anestesiados’’. De eso nada, denunciar y luchar ha de man­tenernos vivos. Ahí radica el espíritu de esta nueva entrega de Amaral que, una vez más, transita entre lo íntimo y lo universal.

Hay verdades indiscutibles. Sabemos que la más negra noche antecede al alba, que en los sueños nacen las res­ponsabilidades, que rendirse es pere­cer antes de tiempo. En su variedad de tonos y su íntimo disgusto, su conta­gioso impulso rítmico o melódico, estas nuevas canciones anhelan transmitir que no hay luz sin oscuridad, canción sin silencio que la contraste, emoción sin razonamiento que la explique.

(Ignacio Julià)