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Llega Miguel Campello, con su carrito desgastado recogiendo cachivaches para seguir haciendo canciones. Los relojes de “Chatarrero 2. Pájaro que vuela libre” (Warner, 2013), pese a que los adoraba, fueron repartidos entre los muchachos. Sin embargo algo queda aquí, exactamente en el single ‘Aire’, una oda al tiempo que pasa y al aire que va a su rollo. “Es inevitable, como la vida misma a cada segundo que pasa”, explica el propio autor. Atrás queda también el primer “Chatarrero” (Warner, 2011), el inicial compadre de la trilogía que ahora guía “Chatarrero 3. Camina” (Hook Ediciones Musicales, 2014). Pionero nómada que se ajustó el pantalón y se cambió el traje de El Bicho.

“De mi voz, y un cantar que te di, pa’ que te acuerdes de mí”, tararea en ‘De mi voz’ el artista del descampado, ése al que al silencio grita y al que un día le trajeron los dineros por su cante; bien por su letra (por cómo maldice su suerte) y también por la música, que mezcla algo de Flamenco (percusión, vientos…) y algo de música bereber (por los instrumentos que suena muy en segundo plano y por ciertos giros, sobre todo al final). “Es un grito gritado, de esos que le dices a un colega cuando pierde la ilusión de lo que sea”, dice. Se abre y sangra la herida, pero no le impide engalanar de historias al que calla. “A pesar de estos tiempos que corren y a pesar de que sangre la herida, siempre hay una luz al final del camino, aunque veces sea el sol que se esta escondiendo”, finaliza concluyendo.

El sol y la luna, protagonistas en la homónima ‘Camina’ (también en ‘Entrada – Salida’ y en ‘Llámame mañana’), interiorizan las frases sueltas de Campello que un día encontraron su destino hermanadas en la línea de una canción, y comenta: “No suelo ponerme a escribir una canción. Muchas frases quedan a la espera de que aparezcan otras frases y se conviertan en canción. A veces tardan años, otras… días”. Después llegaron las percusiones árabes y flamencas, los cantes, la sabiduría extrema, la flauta de Juan Carlos Aracil y la guitarra de Eduardo Pacheco, dando vida a la poéticamente iluminada ‘Será’, sintomática en alegrías y entretenida en dialectos improvisados. ¿Un malabarismo creativo? Tal vez, aunque el propio Miguel confiese que no sepa “ni si quiera lo que a día de hoy puede ser creativo”. Aún así, se nota la presencia de las ideas reposadas con el tiempo, como ‘La danza del fuego’, que ya asomó la cabeza antes de completarse “Chatarrero”. De nuevo, ese caos ordenado a la orden de la imaginación. “Hubo desorden desorganizado entre discos duros y carpetas con nombres elegidos al azar. Todo eso entre tres libretas con mil canciones por desarrollar”. La tónica general de un músico viajante y compañero que entre sus dedos florece en gracia.

‘Karakataka’, por su lado, aunque tiene trazas de recuerdo, es más reposada. Podría ser la cara amable de ‘De mi voz’ puesto que se habla, también, de lamerse las heridas, incluso. Sobre ella, Miguel Campello sabe “que hay alguien dentro de la canción que se destroza los pies cada vez que baila”, como de igual manera acontece en la bellísima ‘Rosa y Juana’ gracias a los arreglos orquestales. Sin lugar a dudas, uno de los cortes más emocionantes de todo el álbum y de la toda la vida musical de Miguel hasta el día de hoy.

En ‘Como pa’ olvidarte’ sorprende encontrarse con una guitarra eléctrica -más sutil en ‘Quiero bailar’ y llevada al extremo con ‘Hay que vivir’– que confronta y viste libremente melodía y texto. “A la hora de vestir a las canciones, al igual que en el orden, cada una se pone lo que quiere, lo que le apetece. Ellas no tienen un padre que les impida salir con minifalda, y cada una se viste a su manera”. Una canción, ésta, con cierto halo de tenebrosidad y oscuridad, “un desahogo”, que dice Campello. Se antoja como un tema dividido en tres partes: la primera; con la guitarra eléctrica y el bajo rasgado y contundente, la segunda; la parte amable de los coros y el palmeo con la guitarra española, y la tercera; la aceleración y final de la canción.

Hay que reconocer que, de entrada, “Camina. Chatarrero 3” es, intensamente, un punto de inflexión, aunque una historia menos autobiógrafica. “Di media vuelta y encontré el camino, y con la otra media encontré el destino”. Todo o nada puede acabar aquí, siendo común el giro del destino. No malgasten el tiempo y la libertad, no se hipotequen el reloj y canten, que es la justicia “una palabra que se inventó el ser humano” y el dinero un objeto para que otros se llenen injustamente los bolsillos. Así que eso: canten.

Texto: Carlos H. Vázquez

 

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